martes, 23 de febrero de 2016

ADIÓS, PIEDAD.






No, no, no es una necrológica. Es, simplemente, un cambio de despacho. Es un tópico recordar al maestro Gabo, pero la crónica de un cambio anunciado era cuestión de tiempo, incluso se sabía antes por la cartelería que oficialmente. Hace poco tiempo me sorprendió ver que en El Congreso Internacional de Medina Azahara y las Ciudades Islámicas figurara otra persona como Director de la Oficina de Gestión del Conjunto Histórico de Córdoba, cuando estábamos preparando actividades futuras. No se sabía nada, se intuía.
Esta mañana, mi querida Ana Ruiz Osuna, vital mano derecha de Desiderio Vaquerizo y del grupo Arqueología somos todos me comentó que Piedad ya no era la Directora. Secreto a voces...

Dos años llevo, llevamos, Raquel, Ana, Carmen, Enrique... trabajando con Piedad para difundir el Patrimonio. Desde "Arqueología...", "La Casa de Tomasa" o desde la Escuela de Arte Dramático, hemos  trabajado conjuntamente, de manera altruista, y dedicando muchas horas extras, para la difusión del Patrimonio. Trabajadora, ordenada, minuciosa, sonriente, y volcada con lo que le gusta... Ya lo comenté en otra entrada, es hija de un MAESTRO del Patrimonio. Y merecía estar ahí, para seguir potenciando la difusión de lo heredado para transmitirlo en un futuro.

No. Imposible. No sé si lo habrán hecho para que la oficina de proyectos de la Gerencia de Urbanismo del Ayuntamiento de Córdoba mejore. Lo dudo.
Prejuzgar, según el diccionario de la RAE es "juzgar una cosa o a una persona antes del tiempo oportuno, o sin tener de ellas cabal conocimiento". En este caso no prejuzgo. Yo llevo trabajando desde hace más de diez años con el Ayuntamiento cordobés, y con Piedad he, hemos conseguido objetivos impensables. Repito, objetivos impensables desde que Piedad está ahí. Antes, y con sus antecesores, nada. ABSOLUTAMENTE NADA. 
Pido, por favor, que comprueben quién o quiénes ocuparon antes ese puesto. Comprenderán lo que digo.


MALOS TIEMPOS PARA LA LÍRICA, cantaban los Golpes bajos. Esos que habitualmente se dan, y que reciben no solo las personas sino también el patrimonio.