sábado, 21 de febrero de 2015

‘Los Maestros del Barroco de la Colección Fundación Cajasol’ en Córdoba



La exposición "Los Maestros del Barroco" en la sede de la Fundación Cajasol en Córdoba estará abierta hasta el 15 de marzo, con horario de lunes a viernes de 17.00 a 21.00 horas, sábado de 10.00 a 14.00 horas y de 17.00 a 21.00 horas, domingos de 10.00 a 14.00 horas.

Son nueve cuadros de nuestro Siglo de Oro. Cada uno de ellos una obra de arte. Incluso los de factura menor merecerían, por sí solos, una visita.

‘San Pedro Nolasco asistido por dos ángeles’, de Francisco de Zurbarán, ‘Visión de San Antonio de Padua’, de Alonso Cano, tres obras de Bartolomé Esteban Murillo: ‘Fray Pedro de Urbina’, ‘San José con el niño’ y ‘Las dos Trinidades’, la última obra adquirida por la Fundación Cajasol: ‘Jesús atado a la columna’, de Juan de Valdés Leal, y tres anónimos ‘Vista panorámica del Guadalquivir y de Triana tomada desde el Arenal’, ‘San Fernando’ (Segunda mitad s. XVII) y ‘San Fernando’ (Primera mitad s. XVIII).

Los Maestros del Barroco de la Colección Fundación Cajasol es una emblemática exposición compuesta por una selección reducida de obras de entre las más significativas de los siglos XVII y XVIII, época que coincide con el brillante desarrollo de la escuela barroca andaluza, en la que se exponen pinturas de sus maestros más notables como Juan de Valdés Leal, Alonso Cano, Francisco de Zurbarán y Bartolomé Esteban Murillo.


INFORMACIÓN SOBRE LAS OBRAS EXPUESTAS -extraída de la propia exposición-:


Anónimo

San Fernando. Primera mitad s. XVIII

Óleo sobre lienzo. 197 x 122 cm.

Canonizado en 1671, al rey Fernando III se le rindió culto mucho antes de su canonización. Desde el primer tercio de siglo se representa vestido con armadura de acero y cubierto con una capa de armiño en cuyo anverso figuraban bordados los castillos y leones del escudo real. Lleva corona sobre la cabeza, sostiene la espada de rey conquistador y la bola coronada con una cruz.

Se enfatiza la faceta del monarca triunfante sobre los musulmanes, una variante de gran influencia, cultivada entre otros por Valdés Leal. Esta composición, de cierta rigidez y envaramiento, data de la primera mitad del siglo XVIII, pues a la izquierda de la composición figura la fachada de poniente de la catedral del Sevilla rematada con una cruz patriarcal de hierro forjado realizada en 1712, y por otra parte, la Torre del Oro protegida de las inundaciones por muros de contención, acontecimiento datado en los años 1747-48.




Francisco de Zurbarán

San Pedro Nolasco asistido por dos ángeles. H 1640-1650
Óleo sobre lienzo pegado a tabla. 70 x 44 cm.






A partir de 1629 Francisco de Zurbarán trabajó para el convento de la Merced Calzada de Sevilla realizando una amplia serie de pinturas sobre la vida de San Pedro Nolasco.

La escena representa el momento en el que San Pedro Nolasco, en su ancianidad, se encontraba impedido de poder moverse; sentado en un sillón e inmóvil, anhelaba acudir al coro para rezar con sus compañeros de comunidad. En ese momento el cielo atendió sus deseos y le envió dos ángeles que, tornándole de la silla donde se encontraba, le trasladaron hasta el coro de la iglesia.

Como es habitual en Zurbarán, el ambiente arquitectónico en que se desarrolla la escena es absolutamente sobrio y despojado. La suave penumbra que impera en el interior de la celda conventual contribuye a otorgar un claro sentido de sosiego y recogimiento.



Alonso Cano

Visión de San Antonio de Padua. H. 1640- 1660

Óleo sobre lienzo. 145 x 124 cm.




Este es uno de los temas más populares entre los pintores barrocos españoles. Representa a San Antonio que sostiene en sus brazos al Niño Jesús, al que la Virgen, algo más arriba, parece que acaba de soltar manteniendo su velo extendido como para recoger a su divino hijo. Presenta una gran maestría técnica en su factura y en los detalles absolutamente magistrales del velo de la Virgen flotando al viento. La relación con el modelo físico de Juno y la Virgen es evidente. El Museo del Prado y el de Berlín conservan copias de esta obra, de mucho menos tamaño y concepción muy abocetada.



Bartolomé Esteban Murillo

Fray Pedro de Urbina. 1644-1648

Óleo sobre lienzo. 235 x 152 cm.




Don Pedro de Urbina (1585-1683) fue franciscano y bienhechor del convento de San Francisco de Sevilla, en cuya capilla de San Diego fue enterrado. Fue nombrado Obispo de Coria en 1644, en 1648 arzobispo de Valencia y dos años después Virrey de este reino. En 1658 arzobispo de Sevilla.

Murillo lo representa de cuerpo entero y de pie, con hábito franciscano y con la seriedad y gravedad de su dignidad eclesiástica. Sobre fondo de cortinaje, se apoya sobre la mesa en cuyo tapete aparece su escudo de armas. El escudo hace pensar que el retrato se realizaría entre 1644 y 1648 cuando era obispo de Coria, anterior a su nombramiento como arzobispo de Sevilla, cargo del que tomo posesión en 1658 por lo que contaría con 73 años.



Bartolomé Esteban Murillo y obrador

San José con el niño. H. 1660-1670

Óleo sobre lienzo. 70,5 x 52 cm.




Fue Murillo un excelente intérprete del tema de San José con el Niño, del cual realizó varias versiones satisfaciendo a la amplia clientela que le demandó este motivo, cuya devoción fue muy intensa, en gran medida gracias a Santa Teresa, quien popularizó el culto a este santo.

El prototipo de San José, es el de un hombre joven que proyecta sobre su hijo todo su afecto y ternura, mostrándose dispuesto a ampararle y guiarle firmemente por el camino de la vida. El Niño mira al espectador esbozando una amable sonrisa y transmitiendo la confianza y seguridad que le otorga la sólida protección que su padre le ofrece.

Esta obra muestra el característico dibujo de Murillo, con formas suaves y amables, coincidiendo con el estilo que el artista desarrolló hacia 1670, último periodo en el que alcanzó la cima de su expresividad creativa.




Bartolomé Esteban Murillo

Las dos Trinidades. H. 1670

Óleo sobre lienzo. 52 x 37 cm.





El tema iconográfico de las dos Trinidades surge con la Contrarreforma, a fines del siglo XVI. Establece un paralelo entre la Trinidad Celeste, con Dios Padre y el Espíritu Santo en la Gloria y el Niño, como lazo de unión con la Tierra, acompañado de la Virgen y San José, sus padres terrenales, con lo que el mundo católico contrarrefomístico afirma a la humanidad de Jesús y valora al mismo tiempo las figuras de María y del Patriarca San José, cuyo culto comienza entonces a ser popularizado.

En ella está patente la gran capacidad de Murillo para plasmar la belleza y la dulzura de los personajes. Realiza un magnifico estudio del sentimiento afectivo, que se establece con el cruce de miradas entre el Niño Jesús y su madre la Virgen, quien dirige la vista hacia su hijo llena de ternura. La pintura está impregnada por esa atmósfera de intimismo que Murillo siempre supo otorgar al tratar sus cuadros de tema devocional.



Anónimo

Vista panorámica del Guadalquivir y de Triana tomada desde el Arenal. H. 1660

Óleo sobre lienzo. 117 x 183 cm.





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Hasta la reaparición de esta importante obra perdida, del siglo XVII existían solamente tres representaciones al óleo de la ciudad de Sevilla. Ésta, al igual que las restantes, representa la población desde Triana. De esas cuatro vistas de Sevilla, ésta es la única que representa la ciudad desde la otra orilla del Guadalquivir, figurando a la izquierda en primer término la Torre del Oro, con un extenso panorama de Triana de fondo. Al igual que en las otras vistas, en nuestro cuadro del río Guadalquivir juega un papel de protagonismo, recordándonos la enorme importancia que tuvo Sevilla durante el Siglo de Oro como puerto de las Indias.

Esta obra se fecha hacia 1660, tanto por los atuendos de los personajes que pueblan el Arenal, como por el estrecho vínculo estilístico que presenta con otro cuadro anónimo que se conserva en una colección particular sevillana.




Juan de Valdés Leal

Jesús atado a la columna. H. 1670

Óleo sobre lienzo. 167 x 107 cms.
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Esta emotiva representación de Jesús atado a la columna es propia y característica del estilo de Valdés Leal a quien puede atribuirse con seguridad. Puede señalarse además que su fecha ha de situarse en torno a 1670, justamente en unos momentos en los que el artista alcanzó su total madurez.

Valdés Leal supo interpretar de forma magistral las directrices del pensamiento eclesiástico plasmada en la contrarreforma y, por lo tanto, transmitir a los fieles, a través de la imagen, la doliente figura de Cristo. La contemplación de su presencia suscitaba en el alma de los cristianos un inevitable sentimiento de culpabilidad que de inmediato redundaba en actitudes de arrepentimiento y penitencia.




Anónimo

San Fernando. Segunda mitad s. XVII

Óleo sobre lienzo. 45 x 33 cm.



Uno de los modelos que mayor trascendencia alcanza dentro de la iconografía de San Fernando es la obra aquí expuesta. Representa al rey en actitud victoriosa, con sus atributos clásicos, la espada en la mano derecha, alzada al cielo en modo triunfal y la izquierda soportando una esfera como alegoría del mundo. Para completar la escena en la zona superior, como corresponde a las apoteosis barrocas, se presenta una corte celestial con ángeles y en la zona inferior, en correspondencia al plano terrenal, una recreación de la ciudad de Sevilla. La representación de San Fernando adquirió gran popularidad al convertirse en el símbolo del triunfo cristiano sobre los musulmanes.

COMO HABRÁN VISTO, MERECE LA PENA UNA VISITA... Y ADEMÁS, ES GRATIS.