miércoles, 25 de febrero de 2015

JULIÁN GARCÍA GARCÍA, NOMBRADO HIJO ADOPTIVO DE CABRA.




Hoy, en pleno periodo de huelga del alumnado por el futuro cambio que se producirá en la duración de los grados, y con un paisaje humano en las aulas casi vacío -con mayor ausencia en alumnado que nunca, desgraciadamente, pisará la universidad-, leo la noticia del nombramiento de Julián García como hijo adoptivo de Cabra (Córdoba).

Julián García García, inspector de educación ya felizmente jubilado, va a ser nombrado hijo adoptivo de Cabra (Córdoba), donde ejerció la mayor parte de su actividad docente. Y hablo de docente pues, aunque finalizó su "cursus honorum" como inspector, él siempre ha sido profesor de Latín. No ya de Clásicas: de Latín.
A Don Julián, pues así lo llamábamos cuando éramos su alumnado en el IES "Aguilar y Eslava" de Cabra, se le tenía respeto, más que temor. Su seriedad aparente, su forma de enseñar la lengua clásica, el recuerdo de sus buenos alumnos anteriores, o cuando realizó aquel viaje por Alemania que tanto le marcó, nos queda como recuerdo. Junto al enorme cariño que tenemos por la lengua de Virgilio, Salustio o César -autores que nos traían por la calle de la amargura-, nos permitió aprender no solo aquella, sino también la nuestra -el castellano o español, derivada de esa lengua que no está muerta sino muy viva-.
Trabajo me costó llamar a Don Julián simplemente "Julián", cuando fui compañero suyo -ya él como inspector y yo como profesor-. Luego él, como siempre amando las cosas egabrenses, se convirtió en el Director del Museo Arqueológico de Cabra -puesto al que también aspiraba mi querido Cristóbal Garrido, ya desaparecido, y que no fue profeta en su tierra (se le debe un gran, gran homenaje)-. Antes a mi hermano Adolfo y a mí nos metió el gusanillo de la Arqueología. Con mi hermano, mayor, revisando los túmulos que afloraban tras la reja de un tractor, o como director de las excavaciones de "La Fuente de las Piedras" (el mitreo). Días de verano, siendo yo un pitufo, con diez y once años, tan agradables, que viví yo próximo a ese lugar, en nuestra huerta del " Prado Caballos", ya casi fagocitada por la especulación del suelo.
Se agradece cuando se hace justicia. Y es de justicia reconocer la dedicación que Julián García García, Don Julián, ha hecho por la enseñanza y la cultura egabrense.
Abrazos a su familia -su esposa, también compañera y de Clásicas-, y en especial a Julián y a Jose, con los que viví algún tiempo en acogida en su piso de estudiantes de Córdoba, cuando yo ya había finalizado la carrera.

LA NOTICIA EN "DIARIO CÓRDOBA"