martes, 31 de mayo de 2016

PIRAGÜISMO EN EL GUADALQUIVIR, TRAS LOS BOTELLONES DE FERIA.









El Guadalquivir, el antiguo río Betis, sigue dividiendo Córdoba. Es una pena que nuestro río Grande, a pesar del esfuerzo de las instituciones, siga separando y no uniendo. Los cordobeses vivimos de espaldas al río.

Y nuestro río es vida, como paisaje natural y como espacio cultural. Si revisamos imágenes de los siglos XVI, XVII o XVIII, se ve cómo el río sí estaba integrado en la ciudad. La gente vivía en torno a los molinos del río. El de Martos, el de San Antonio, o el de Enmedio o Pápalo... Y cómo no, la Albolafia. Esa noria parada por Isabel la Católica porque su ruido le impedía dormir cuando estaba en los aposentos del Alcázar de los Reyes Cristianos, justo en el momento de la conquista de Granada y del viaje colombino a esas nuevas tierras del otro lado del Atlántico.

Pues sí, nuestro río se ha convertido en el gran retrete en determinadas fechas. Es el lugar donde nuestros jóvenes realizan el botellón durante la feria. Se permite el botellón, vale. Se colocan vallas y decenas de contenedores de basura, pero muchos de ellos siguen utilizando el Guadalquivir como el lugar donde evacuan todo lo que les sobra. Desde botellas a sus propios excrementos. Una vergüenza.


DESPUÉS DE HABER LIMPIADO. ESTABA AÚN PEOR. Y ESO QUE HABÍA VALLAS.




Soy docente con mucha paciencia. Si el alumnado no cumple una norma básica y fácil de cumplir, inmediatamente reprimo. Es lo lógico. Se le da todo, a cambio de cumplir.

Muchos de esos pequeños bastardos que cuidamos, en vez de mantener el civismo necesario, se dedican a llenar de basura un espacio común, el río. Si es así, se reprime. Y se van a su casa, para que la mierda la recoja su familia. ¿Cuál es el problema? Pues probablemente su familia hace lo mismo, y es la que llena de excrementos y meadas de animales las calles de nuestra bonita, pero sucia, ciudad. Sí, son unos pequeños bastardos... pues los bastardos son hijos de...

No me puedo reprimir. Es para llorar. La feria acabó hace días y todo el espacio creado por Juan Navarro Baldeweg para integrar el río en la ciudad se ha convertido en un retrete. Miento, no es un retrete, es un basurero lleno de vidrios, bolsas... Repito, si los energúmenos son incapaces de respetar el medio, represión. Y que se vayan a beber a sus casas. Creo que falla algo en esto llamado educación. Y, ojo, que mi hijo estuvo ahí. Espero que no sea uno de esos bastardos que nombro. Había infinidad de contenedores y de retretes portátiles... pero el Guadalquivir se convirtió en un basurero. Cada vez me vuelvo más de Pérez Reverte... A garrotazo limpio, si no son capaces de entender por lo civil... pues por lo criminal. Eso no es represión, es educación. Porque el Guadalquivir es patrimonio natural que debemos dejar en herencia. Y por lo tanto, se debe cuidar.





Dicho con pena, mucha pena, lo anterior, debo decir que he descubierto otra visión de Córdoba. La de la ciudad desde nuestro Río Grande; porque desde dentro se ve como grande. ¡Una pasada!. Gracias a Rafael, a Eva y a Antonio, monitores del club de piragüismo cordobés, alumnado de Patrimonio Cultural pudo disfrutar del Guadalquivir desde una piragua.


Cuando se han realizado triatlones por nuestro río, pensé en participar, aunque le tenga auténtica fobia a la bicicleta. Es superior a mis fuerzas, lo de montarme en un artilugio con ruedas y circulación en sentido opuesto me supera. Soy peatón o copiloto. Y a mis cincuenta y cinco años ya no voy a cambiar. Me quedé sin participar en el triatlón, pero he encontrado esa nueva opción: la visita a nuestro río en piragua. ¡Qué suerte! Y lo he disfrutado.
Ñ




Con dieciocho alumnos. Es una pena, de verdad, no es una queja contra mis compañeros, pero he dejado de cubrir el número hasta veinticinco para no quitar alumnado de otros grupos, para que no se quejen. De verdad, probablemente yo sea lo opuesto. Pienso que si alguien me pide un alumno o una hora es para algo útil para el discente. Nadie se lleva a un alumno para nada. Pero llega un momento en el que tienes la sensación de convertirte en un estorbo para el profesorado. Y prefieres perder puestos... Luego lo sientes. Pero actúas como quiere parte del profesorado: aula, aula y aula. ¡Incluso a profesorado de Educación Física le parece mal realizar actividades de este tipo en sus horas!

Pues sí, hemos realizado una actividad preciosa, por encima de olor a orín, de cristales, o de mal rollo con tus compañeros.

AHORA TOCA DESCRIBIR LA ACTIVIDAD.


Genial. Ver la ciudad desde otro punto de vista. No la he visto desde el aire -salvo la subida al campañario de la Catedral, a la torre de San Andrés o a la torre de la Malmuerta-, pero sí que la he visto desde el propio río. Si el puente romano se ve majestuoso desde el otro puente, el oxidado, o desde el puente nuevo -como le cantaba Ramón Medina-, la vista desde el río es inigualable. 
De verdad, desde el interior del Guadalquivir el río se ve más grande, con más caudal.  Impresionante el paseo entre los puentes del Arenal y romano.
Que no Eva, que no teníamos prisa, lo cierto es que el alumnado estaba cansado de remar. Porque se rema. Y, además, hacía mucho calor.
Recomiendo a los cordobeses que participen en la actividad. Solo vale cinco euros por persona. Y lleva mucha preparación. Teníamos tres monitores, Rafa, Antonio y Eva. Está todo controlado, todo vigilado. Todo explicado. ¡Cómo se ve el río, la isleta central, con esa cantidad de aves tan enorme! Y cómo se ve la suciedad de los energúmenos cordobeses. No me podía imaginar el grado de incivismo. No sé que se puede hacer.
Bueno. Lo  mejor son las imágenes. Recomiendo la actividad y, eso sí, mi alumnado ha aprendido algo nuevo: seguro que en el próximo botellón no tirarán al río los residuos (aunque me prometieron que ellos no lo hicieron)










Opiniones del alumnado:

Estamos acostumbrados a la vuelta por la judería, al paseo por el puente romano...pero la excursión de hoy refleja la riqueza de nuestra ciudad pues no solo se puede disfrutar de su belleza desde tierra,sino también desde una canoa disfrutando con más gente en el agua; una forma completamente distinta a la habitual y que quizás para la gente de nuestra edad sea mucho más amena. José Antonio Martínez.


Me ha gustado mucho y ha sido muy divertido, ademas es una actividad que no se suele hacer muy a menudo. Gracias por hacer con nosotros tantas actividades!!! María Robi.