miércoles, 1 de abril de 2015

COVADONGA SIN LAGOS Y CON CANGAS DE ONÍS. NOVENA ETAPA DEL VIAJE.

Nos llovió. Bueno, en ocasiones diluvió. Pero, aunque parezca increíble, apenas nos mojamos por "lluvia vertical" -mojados y remojados con los barrancos... ya estábamos-. Cuando llovía era en el momento que estábamos en el autocar, en el hotel... Solo dejamos de hacer la subida a los lagos de Covadonga. Una pena. Yo creo que era algo deseado por la mayoría. Pero no fue por la lluvia... sino porque la nieve había cortado la carretera.
Bueno, nos conformamos, y no es poco, con la visita al sitio de Covadonga, a la iglesia y al santuario de la Santina.
En primer lugar, PELAYO. Allí la explicación consistió en analizar las dos crónicas sobre el episodio de Covadonga.








LA CRÓNICA ÁRABE:
Dice Isa Ibn Ahmand al-Raqi que en tiempos de Anbasa Ibn Suhaim al-Qalbi, se levantó en tierras de Galicia un asno salvaje llamado Belay [Pelayo]. Desde entonces empezaron los cristianos en al-Ándalus a defender contra los musulmanes las tierras que aún quedaban en su poder, lo que no habían esperado lograr. Los islámicos, luchando contra los politeístas y forzándoles a emigrar, se habían apoderado de su país hasta que llegara Ariyula, de la tierra de los francos, y habían conquistado Pamplona en Galicia y no había quedado sino la roca donde se refugia el rey llamado Pelayo con trescientos hombres. Los soldados no cesaron de atacarle hasta que sus soldados murieron de hambre y no quedaron en su compañía sino treinta hombres y diez mujeres. Y no tenían que comer sino la miel que tomaban de la dejada por las abejas en las hendiduras de la roca. La situación de los musulmanes llegó a ser penosa, y al cabo los despreciaron diciendo «Treinta asnos salvajes, ¿qué daño pueden hacernos?». En el año 1336 murió Pelayo y reinó su hijo Fáfila. El reino de Belay duró diecinueve años, y el de su hijo, dos.

Crónica de Al-Maqqari



LA CRÓNICA CRISTIANA -CRÓNICA ALBELDENSE-
Al Qama entró en Asturias con 187.000 hombres. Pelayo estaba con sus compañeros en el monte Auseva y que el ejército de Alkama llegó hasta él y alzó innumerables tiendas frente a la entrada de una cueva. El obispo Oppas subió a un montículo situado frente a la cueva y habló así a Pelayo: «Pelayo, Pelayo, ¿dónde estás?». El interpelado se asomó a una ventana y respondió: «Aquí estoy». El obispo dijo entonces: «Juzgo, hermano e hijo, que no se te oculta cómo hace poco se hallaba toda España unida bajo el gobierno de los godos y brillaba más que los otros países por su doctrina y ciencia, y que, sin embargo, reunido todo el ejército de los godos, no pudo sostener el ímpetu de los ismaelitas, ¿podrás tú defenderte en la cima de este monte? Me parece difícil. Escucha mi consejo: vuelve a tu acuerdo, gozarás de muchos bienes y disfrutarás de la amistad de los caldeos». Pelayo respondió entonces: «¿No leíste en las Sagradas Escrituras que la iglesia del Señor llegará a ser como el grano de la mostaza y de nuevo crecerá por la misericordia de Dios?». El obispo contestó: «Verdaderamente, así está escrito». [...] Tenemos por abogado cerca del Padre a Nuestro Señor Jesucristo, que puede librarnos de estos paganos [...]. Alqama mandó entonces comenzar el combate, y los soldados tomaron las armas. Se levantaron los fundíbulos, se prepararon las hondas, brillaron las espadas, se encresparon las lanzas e incesantemente se lanzaron saetas. Pero al punto se mostraron las magnificencias del Señor: las piedras que salían de los fundíbulos y llegaban a la casa de la Virgen Santa María, que estaba dentro de la cueva, se volvían contra los que las disparaban y mataban a los caldeos. Y como a Dios no le hacen falta lanzas, sino que da la palma de la victoria a quien quiere, los caldeos emprendieron la fuga...

Crónica de Abelda


Ahí están las dos caras no ya de ese episodio, sino de la HISTORIA.

Para más información:


El lugar es excepcional. Claro que para sitio inexpugnable el Desfiladero del Hermida. Allí comienza todo lo que iba a suponer la conquista cristiana o "Reconquista" y aquellos "asnos salvajes" nos han traído a lo que somos ahora.
Se crea o no, merece la pena verlo. El espacio de la cueva, el modelado kárstico y la acción de la naturaleza... e incluso la iglesia neogótica -que si, que casi todo es neo...-


















Y desde allí a Cangas de Onís, debido al cierre de la carretera hacia Los Lagos.
Claro, que Cangas merece una visita aunque solo sea por ver el puente romano sobre el Sella.