domingo, 21 de diciembre de 2014

VISITA A LA EXPOSICIÓN "SEFARAD OCULTO: TESTIMONIOS DE UN DESENCUENTRO" (En recuerdo a Miguel Avilés y María Palacios)




Piensan algunos que las fiestas navideñas son tristes pues recuerdas a personas que ya no están entre nosotros. En mi caso, más que las fiestas, son las actividades.
El primer archivo al que yo accedí como investigador fue el Histórico Provincial de Córdoba; entre una beca que me concedió la Diputación Provincial y mi trabajo en el Departamento de Historia Moderna, con Miguel Avilés al frente (recuerdos también, a ti, Maricarmen Belmonte, pues seguirás ordenando el departamento y acudiendo a las prácticas en otro lugar...).






Si voy a una exposición sobre la persecución a los judíos, obviamente María Palacios y Miguel Avilés vienen a mi mente. Gracias a que decidí no preparar esa ponencia sobre San Juan de Dios que me pediste, Miguel,  -para celebrar el centenario de San Juan de la Cruz-, Miguel, estoy todavía por aquí. Crítico, crítico, y autocrítico, como me enseñaste; aunque me dejaste sin formar como buen investigador -me he conformado con ser mal docente-.
Así que lo mío no es la Navidad; son los recuerdos.
En ese lugar tan especial, y desconocido, la antigua Iglesia fernandina de Santo Domingo, actual Archivo Histórico Provincial, hay una exposición que se cierra el día 23: Sefarad oculto: testimonios de un desencuentro". Lógicamente es el recuerdo de hace ya más de treinta años, "tempus fugit", cuando echaba horas en el archivo que dirigía María Esther Cruces y donde Felipe era el dueño del cotarro.




El marco es incomparable y desconocido. La desamortizada Iglesia de Santo Domingo -ya en desuso en el siglo XIX- fue una de las iglesias fernandinas construidas en la villa, intramuros, y que en la actualidad acoge un extraordinario tesoro: los fondos documentales de nuestro pasado que no desaparecieron tras las desamortizaciones o por la quema del anticlericalismo visceral que tanto daño han hecho a nuestra Historia. Por supuesto que llegará quien diga el daño que la Iglesia también ha hecho: y no es falso. De ahí esta exposición.





Hablar de judío... o, mejor, converso judaizante es hablar de Inquisición, por lo tanto, es rememorar aquella Tesis doctoral que dejé pendiente - como la de mi Hospital de San Juan de Dios de Cabra-. No me consideré formado y decidí convertirme en mal profesor abandonando la investigación: se acabaron los archivos, como el de Cabra, el Provincial o  el Histórico Nacional. Es hablar de lo que aprendí en aquellos años en el antiguo Hospital del Cardenal Salazar, como alumno o como profesor colaborador. O, mejor aún, cuando ya estábamos en la Universidad Nacional de Educación a Distancia.
Bueno, ahora sigo con el patrimonio. Y la exposición que hay es soberbia, tanto por el marco como por el contenido.







Si visitamos sin prisa esa exposición, que cerrará el próximo 23 de diciembre, podremos observar una parte de esa Historia Universal de la Infamia, y que, como seres humanos, continuamos creando cotidianamente: ya sea por ideología religiosa, política o por intereses económicos.  Antes de 1478, cuando Sixto IV concedió a los Reyes Católicos la Bula "exigit sincerae devotionis affectus" por la que se creaba la Inquisición Moderna o española -ya existía  la Medieval, que pervive con otro nombre, la Congregación Para la Doctrina de la Fe-, y después de esa fecha.
La Inquisición Moderna o española fue un excelente mecanismo de control ideológico en el que se notaba esa alianza entre el altar y el trono, y que tantas vidas ha costado. Claro de aquellos polvos, estos lodos. Menos mal que parece existir una cabeza -el Papa Francisco- que intenta acabar con estas cuestiones. Esperemos que le den tiempo para ese objetivo.



Esta exposición está vinculada con la conmemoración de los  700 años de la Sinagoga cordobesa. La historia de un desencuentro. ¡Qué grande es la estupidez humana, y ahora no me refiero a la infamia de hace siglos, sino a la de hace días, cuando de manera subrepticia se pusieron zancadillas a otra actividad patrimonial, donde participaban los jóvenes, aunque no era "patrocinada" por el partido político que manda, no que dirige, en la Junta de Andalucía!
Bueno, volvamos a ese "desencuentro". 
Si 1492 es un año nefasto en la historia de los judíos, también lo fue en 1391 cuando se produzcan los feroces pogromos o persecuciones contra esa minoría, no solo en los reinos de la monarquía de los Reyes Católicos, sino en toda Europa.
La envidia, la intolerancia... provocarán que 1492 sea el año de expulsión o de conversión. Los conversos, como indica en el extraordinario libro /folleto de la exposición "...tendrán que renunciar no sólo  a su religión sino a todo un mundo de entender la vida, costumbres, comidas, tradiciones. Vistos con sospecha y envididados por sus vecinos los cristianos viejos, cualquier desliz y omisión  puede ponerlos bajo el ojo de la Inquisición y acabar en el tormento y la hoguera". Lógicamente los judíos tomarán el camino del exilio... y añorarán desde ese momento a "Sefarad",
Los conversos se adaptarán a vivir aquí, incluso llegando a ennoblecerse. "La historia de los conversos no es sólo  un relato de persecución y condena, sino en muchos casos una historia de éxito".






El panel número 1 se denomina "El ocaso de la judería", y cuenta cómo la conquista de Córdoba por los cristianos en 1236 no tuvo unas consecuencias fatales para la comunidad judía -en el siglo XIII se quiso construir una gran sinagoga y el cabildo catedralicio protestó-.
Los reyes cristianos siempre se beneficiaron de las rentas aportadas por los judíos -aunque la Iglesia desde comienzos de ese siglo ya había tomado disposiciones en contra de ellos-. También eran mal vistos por el pueblo por asesinar a Cristo. Fue creciendo el antijudaísmo, incluyendo la creación de las juderías, usar vestidos y señales distintivas... lo que aumentó tras la peste de 1348 y culminó por los pogromos de 1391, lo que afectó a la mayoría de las juderías.





El panel 2 se refiere a las curanderas y hechiceras judías, a las que acudían cristianos y no cristianos para librarse  del mal  de ojo o adivinar el futuro, además de cuidar todos los males. También las había cristianas, y casos bastante conocidos como Leonor Rodríguez -la Camacha montillana, ya en el XVI-. Por cierto, el inquisidor Salazar y Frías consiguió cambiar la actitud de los tribunales, después de haber quemado unas pocas en Zugarramurdi: acabaron en la cárcel y no reconciliadas en la hoguera (si se podían escapar, que atravesaran los muros de la cárcel; y además a partir de los inicios del XVII las penas fueron muy bajas, si no se absolvieron)






El 3 relaciona a los cristianos viejos con los judíos, que proliferaron tras el pogromo de 1391-, y cómo poco a poco se convierte en un gueto en lugar donde viven -la aljama en el barrio de San Bartolomé-, aun siendo hombres importantes que se dedican a recaudar impuestos, a prestamistas -a la Corona, a la Iglesia, y a la nobleza-, médicos, artesanos... Los conversos, sin embargo, podían ir a la Universidad, compartir espacios con los cristianos viejos... que no veían con buenos ojos a estos convertidos.







La expulsión de los judíos en 1492 aparece en el panel 4: tras las acusaciones múltiples contra los judíos y conversos -como la del santo niño de La Guardia-, el 31 de marzo de 1492 se dictó el decreto de expulsión de los judíos:




Es lacerante observar cómo se cometen injusticias históricas, generalmente originadas desde el poder o imaginadas desde la base, desde la masa. Y una falsedad se puede convertir en verdad a base de repetirla.
La falsa leyenda del Santo Niño de la Guardia -es sorprendente que todavía se le rinda culto y no se haya realizado una "damnatio memoriae" sobre el tema (así nos va)- fue uno de los detonantes de la expulsión de los judíos: se pensaba que los judíos en Semana Santa crucificaban un niño al modo que lo habían hecho con Cristo. Bueno, pues en La Guardia (Toledo) se cometió una aberración histórica, culminación del Decreto de expulsión. Esas acusaciones no eran privativas de España, se daban en cualquier lugar europeo donde hubiera judíos o conversos.
En la página: "materialesdehistoria.org", se incluye un artículo publicado por José María Perceval en la revista Historia 16 el año 1993:
En el caso del Santo Niño de La Guardia, el comienzo se presenta realmente complicado. Parece ser que todo se originó por la desaparición de un niño durante la procesión de la Asunción o del Corpus toledano. Incluso la confusión es tan grande en los comienzos de la. investigación que, aunque se dijo del niño que fue bautizado en San Andrés de Toledo, se afirmó luego que era oriundo de Aragón, con lo que diversos historiadores confunden La Guardia con la población de igual nombre de La Rioja, otros citan la de Jaén y otros la de Toledo. Estas contradicciones han llevado a los historiadores, desde Loëb (“L’enfant de La Guardia n’a jamais existé”)  a Luis Suárez o Fernández Álvarez (en su libro sobre Isabel la Católica, p.294), a negar toda existencia posible a esta excusa sangrienta. El profesor Benjamín Netanyahu (Orígenes de la Inquisición, p.988) ironiza sobre estas acusaciones ya que, la única base real que tendrían estos ritos mágicos, sería que los judíos creyeran en “la fuerza espiritual del sacrificio de la santa misa” con lo que dejarían de ser judíos. 
El caso es que este rumor urbano se convierte en un interesante material en un momento crucial. Los inquisidores le darán forma pero ¡es necesario encontrar culpables!
El niño se llamaba Juan en los primeros documentos, pero luego se prefirió el nombre más cristológico de Cristóbal. Para no liarse, los cronistas terminaron por llamarlo el Santo Niño de La Guardia, un nombre genérico para un niño que ni existió ni vivo ni muerto.
Según confesión obtenida bajo tortura, el Santo Niño fue hurtado en la Puerta del Perdón de Toledo a la edad de tres o cuatro años, aunque algunos posteriormente prefirieron cambiar esta edad a siete años, que es edad frontera entre la razón y la ingenuidad del inocente. Esta diferencia de tiempo transforma a la ingenua criatura en un santo que asume su condición de mártir.
Acaecidos los hechos en 1489, comenzó el proceso el 17 de diciembre de 1490. Entre el 6 de junio y el 19 de Julio de 1490, fray Tomas de Torquemada mandó prender a Yuce Franco y sus supuestos cómplices, de cuyas causas se propuso entender en persona o por la persona o personas, a quienes las cometiésemos a dellas debiesen conoscer. La procedencia de los acusados es diversa y revela desde el principio un interés inquisitorial en mezclar diferentes aljamas y comunidades de Castilla en una red conspiratoria general.
¿Qué había inducido a este rapto y posterior asesinato? Según la declaración que transmite el proceso, pensaron los acusados, ¡por indicación del gran rabinazgo francés! – una posible solución de intervención extranjera para justificar la expulsión -, que mezclando la sangre del niño y una hostia consagrada podrían intoxicar las fuentes causando la muerte de los inquisidores. Todos los concurrentes eran judíos y cristianos nuevos de origen judío que temían a la justicia por haber “recaído en su secta” – según nos dice la acusación. A pesar de las búsquedas exhaustivas, el cuerpo nunca apareció en la supuesta cueva de los suplicios y la razón mas frecuentemente aludida a este fallo policial es que, naturalmente, el Santo Niño había sido elevado al cielo después del martirio.
Los judíos y los conversos detenidos confesaron haberlo llevado a la villa de La Guardia en razón de su “parecido con la tierra de Palestina”. Esto, que para nosotros puede parecer realmente exótico y original – por no considerarlo directamente extravagante o ridículo -, se convirtió en la prueba fundamental del juicio: “Donde por tener una situación geográfica y alrededores de configuración geológica muy parecida a la que en Asia tienen los lugares que vieron el principio y fin de la vida del hijo de Dios hecho hombre en su peregrinar redentor de la humanidad, tendría el hecho una mayor similitud y vigor realista de aquel magno acontecimiento, que perenne vive en la memoria de las generaciones y los tiempos.”
La similitud de esta comarca con Judea fue defendida por fray Antonio de Guzmán con mapas y la aportación innegable de las revelaciones divinas al beato fray Simón de Roxas que había habitado en el pueblo de La Guardia. Para convertir el crimen en algo más verídico si cabe, cada uno de los sayones hizo un papel de los participes en la Pasión evangélica (Judas, Pilatos, jefe del sanedrín...) – al estilo del teatro de misterios y pasiones - , interpretando la desgraciada criatura el papel de protagonista, es decir, Jesucristo.
El proceso inquisitorial comenzó el 17 de diciembre de 1490 y terminó el 16 de noviembre del año siguiente ‑nos dice Luis Suárez Fernández‑ con la ejecución de todos los inculpados, que eran dos judíos: Yuce France, de Tembleque y Moshe Abenamias de Zamora, y seis conversos: Alonso, Lope, García y Juan Franco, Juan Ocaña y Benito García, vecinos todos de La Guardia, localidad del arzobispado de Toledo. Las declaraciones de los reos en tormento y fuera de él parecen demostrar que hubo, en efecto, La Guardia dos crímenes: sacrilegio de una ostia consagrada, que los converses compraron a fin de ejercer sobre ellas conjuros que les librasen de la Inquisición, y asesinato ritual de un niño, que fue crucificado el día de Viernes Santo.
Sobre la ejecución de Benito García de las Mesuras, vecino de La Guardia, es interesante el relate descriptivo entre ingenuo con toques de matarife de Antón González, notario de la ciudad de Ávila, el 17 de noviembre de 1491:
Gracias a Dios os hago saber que murió como católico cristiano; y yo le hice ahogar (en el palo o garrote vil, antes de ser quemado). Asimismo, Juan de Ocaña y Juan Franco vinieron en grande conocimiento y arrepentimiento; que murieron conociendo a Dios y diciendo sus culpas; y también los hice ahogar; que espero en Dios que habrá merito de sus almas. Los otros murieron atenazados (y quemados vivos a fuego lento) y buenos judíos, negando sus crueles errores, sin llamar a Dios ni a Santa María, ni hacer solamente un signo de la cruz; no roguéis a Dios por ellos, que sepultados están en el infierno.
La diferencia estriba en que los reos que confesaban eran ‘atenazados’ (ahogados mediante garrote vil) – para que sufrieran menos – antes de ser quemados; mientras, los ‘pertinaces’ que seguían declarándose inocentes, eran quemados vivos.
El notario Antón González, que participó en el proceso y tomó declaración a los Franco en el Brasero de la Dehesa, escribió también el 17 de noviembre de 1491 a los magistrados de la villa de La Guardia que no consintiesen arar aquel cornejal de Santa María de Pera donde Juan Franco señaló finalmente que estaba enterrado el niño jamás encontrado, “porque es cosa que por sus altezas y por el señor cardenal y por todo el mundo ha de ser vista”. Pero el cadáver no apareció jamás.
Tras la explusión, la mayoría apenas pudo llevarse algo más que la llave de su casa. Pasados más de seiscientos años, algunas familias conservan la llave de su casa en Sefarad.



En el panel 5 nos retrotraemos en el tiempo y se analiza el ataque a los conversos de Córdoba en 1473, en el momento de lucha nobiliaria, y familiar: Don Alonso de Córdoba, señor de Aguilar, frente a su tío, Don Diego Fernández de Córdoba, Conde de Cabra.
"Alonso de Aguilar, el contestatario cordobés"



La espita del ataque se produce a partir del incidente de la Cruz del Rastro en marzo de 1473, cuando en el transcurso de una procesión de la Hermandad de la Caridad, una niña vertió agua desde un balcón de casa de un converso al paso de la Virgen; un herrero, Alfonso Rodríguez, increpó  a los conversos y movilizó al pueblo para atacar las casas de los conversos. El caballero Pedro de Torreblanca intentó detenerlos, y fue herido por el herrero, que se refugió en San Francisco, a donde acudió Alonso de Aguilar que mató al herrero. Trasladado el cadáver a la Iglesia de San Lorenzo, corrió el rumor de que había resucitado; lo que acrecentó el ataque contra los conversos.
Durante tres días continuaron los saqueos... muchos de los conversos se fueron de la ciudad.

El panel 6 nombra a dos de esos conversos: El poeta Antón de Montoro y Juan Rodríguez de Santa Cruz.






Un hecho resaltable y sorprendente es la "compra" de Gibraltar por los conversos cordobeses tras la salida de nuestra ciudad en 1473 7-. Pues a través de Don Alonso de Aguilar se consiguió que el Duque de Medinasidonia permitiera a los conversos cordobeses su asentamiento en la roca -a cambio de cantidades importantes de dinero, tanto para el mantenimiento de la plaza como por la compra de casas a cristianos viejos-. Sin escrúpulos el Duque los echó en 1476.



Ante tantos ataques, había miedo a parecer judío -8-.




Se cuenta en la exposición cómo en Córdoba, a 8 de julio de 1489, Diego de Palma, hijo de Alfonso Jaén y de Juana Fernández da testimonio de que"... la dicha Juana Fernández dos días antes parió un hijo al que pusieron por nombre Juan -el qual nasçió çircuncidado e descubierta su natura-, y estaban presentes y lo vieron nacer y lo juraron Juan Sánchez; la partera; Juan de Ortega; Teresa  Fernández, mujer de Alfonso Fernández, escribano; María Alfonso, mujer de Alfonso de Villarreal, zapatero, y María Fernández, hija de Pedro Fernández". El miedo a parecer que se judaizaba era grande.
Como ya resalté con anterioridad, Sixto IV, en 1878 creó la Inquisición española -un hecho importante: la unión de los Reyes Católicos era la unión de las personas, no de los reinos. Sin embargo la inquisición española permitía perseguir por todos los reinos cualquier delito -9-


En 1492 se fundó el tribunal inquisitorial cordobés. De judaizantes la persecución se extendió a otros delitos. Sobre datos del tribunal cordobés, remito a la recopilación que Rafael Gracia Boix realizó en "Autos de Fe y causas de la Inquisición en Córdoba", que publicó la Diputación Provincial. Aquí recuerdo otra vez a Miguel Avilés y María Palacios, puesto que, a partir del libro de Gracia Boix, demostramos en un curso de verano de la Universidad de Córdoba celebrado en Priego cómo las penas impuestas por  el Tribunal, variaban a partir de la categoría social del reo, así cómo aumentaban las penas pecuniarias cuando hacía falta dinero a la Corona -o a galeras cuando había que dotar  barcos para la guerra-.


Según los autores de la exposición, unos 150.000 personas fueron acusadas de judaizar. A partir de 1560 los ejecutados se situaban en un 2%; con cifras mayores anteriormente.

El panel 10 presenta la estructura de los tribunales inquisitoriales de distrito. Desde los inquisidores a los familiares; así como los ejemplos de investigación de la limpieza de sangre.





El apartado 11 se refiere a los procesos de la Inquisición. La procesión de los condenados en Córdoba. Desde el edicto de fe que se dictaba cuando se visitaba una localidad, a las delaciones anónimas; detenciones -era curioso el funcionamiento, no recogido en el panel, sobre las "tachas de testigos": cuando alguien era delatado, podía decir ante el tribunal las personas que podían acusarlo; si había falsa acusación, a quien se perseguía era al delator mentiroso-; instrucciones; torturas; veredicto y el auto de fe.



En Córdoba, la procesión de los condenados era la siguiente:
El auto de fe se celebraba en La Corredera. La procesión salía por el Arco Grande -o alto- hacia el Convento de San Pablo; y desde allí, extramuros, a la Ronda del Marrubial, donde estaba el quemadero -los arrepentidos, primero eran agarrotados y luego quemados- . Si estaban huidos se quemaban en efigie... 



Algunos inquisidores, como Lucero, se ensañaron con las personas -lo que se refleja en el 12-


El número de procesados, el Alcázar de los Reyes Cristianos como tribunal inquisitorial, y la actuación del criminal inquisidor Rodríguez de Lucero aparecen reflejados en el mismo.

El cambio inmóvil, en el 13, recoge cómo algunas familias conversas se libraron, bien de forma legal o ilegal. Un ejemplo es Don Luis de Góngora y Argote -con pasado converso y que llegó a ser racionero en la Catedral-






La corrupción en este tema fue importante, lo que aparece en el documento 14, "una sociedad enferma de honor".



Falsarios profesionales de la testificación, los linajudos, surgieron por doquier para medrar en las necesidades ajenas. Los linajudos fueron los que redactaron los "libros verdes" contra los conversos y cristianos viejos falso -como el Libro Verde de Aragón- 
En la siguiente, 15, se analiza el posible origen converso de Miguel de Cervantes. Volviendo a mis recuerdos de investigador, mi llorado Miguel Avilés reconocía algunos conversos en el entorno de San Juan de Ávila, San Juan de Dios,  San Ignacio de Loyola y Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz. Además, como algunos de ellos estaban vinculados en las distintas formas de abordar el cristianismo: asistencial, militante, reformador...


Y, finalmente, el retorno que aún no llega. Se necesita ya corregir la injusticia histórica y que aquellos herederos de los sefardíes que abandonaron su añorada "Sefarad" vuelva a su patria; si no físicamente, sí reconociéndoles la nacionalidad.
Es sorprendente que el encuentro entre esas dos "Españas" (Sefarad significa "España") se produjera en la guerras de Marruecos de 1860. El 23 de junio de 2014 se concedió, definitivamente la doble nacionalidad para cerrar la diáspora sefardí.