Verás
entre meadas y meadas,
más meadas de todas las larguras:
unas
de perros, otras son de curas
y otra quizá de monjas
disfrazadas.
Las
verás lentas o precipitadas,
tristes o alegres, dulces, blandas,
duras,
meadas de las noches más oscuras
o las más luminosas
madrugadas.
Piedras
felices, que quien no las mea,
si es que no tiene retención de
orina,
si es que no ha muerto es que ya está expirando.
Mean
las fuentes... Por la luz humea
una ardiente meada cristalina...
y
alzo la pata... Pues me estoy meando.
Pues sí, eso es lo que se hace en las calles de Córdoba, por perras acompañadas, en ocasiones, de sus hijos. Ya no es que Sadeco no baldee las calles, que no se hace, lo que con estos calores... al menos en mi barrio y no sé si en toda Córdoba debido a la necesidad de ahorrar agua (pues hace varias semanas que no voy al Gran Teatro, pues casualmente cuando salíamos nos encontrábamos a los de Sadeco baldeando el entorno del bulevar del Gran Capitán -para no pensar mal, espero que sea generalizado y no se haga en los barrios pobres y sí en los ricos-).
El incivismo de nuestros queridos cordobeses es de vergüenza; las calles están plagadas de meadas, cagadas, papeles, plásticos... En algunos casos roza la ofensa.
Esta mañana, temprano, como siempre que podemos, mi mujer y yo paseamos por la ciudad que tanto nos gusta... si pudiéramos mirar para arriba, pues estás permanentemente evitando obstáculos... y ya no huele a azahar, huele a orín...
El tirón de orejas va para los políticos que van a Estrasburgo y olvidan su tierra. Que nosotros vivimos del turismo, pues de manera directa más del 12% de la población activa y del PIB cordobés y andaluz es eso. Ya no tenemos industrias y la agricultura deja mucho que desear. Pero sí tenemos nuestro Patrimonio Material e Inmaterial. Hay que cuidarlo...
Voy a modificar una poesía de Rafael Alberti, también del libro "Roma, peligro para caminantes". La primera era "se prohíbe hacer aguas". Ahora la siguiente, modificada:
"Trata
de no mirar sus monumentos,
caminante,
si a Córdoba te encaminas.
Abre
cien ojos, clava cien retinas,
esclavo
siempre de los pavimentos.
Trata
de no mirar tantos portentos,
fuentes,
palacios, cúpulas, ruinas,
pues
hallarás mil mierdas repentinas
-si
vienes a mirar-, sin miramientos.
Mira
a diestra, a siniestra, -- vigilante,
párate
al ¡alto!, avanza al ¡adelante!,
marcha
en un hilo, el ánimo suspenso.
Si mirar quieres, vuélvete paloma ... "
¿Quién no tiene un parado en casa? En ocasiones la pregunta sería la inversa, ¿quién tiene a alguien trabajando en casa?. Con tanto paro a lo mejor era necesario rescatar la figura del vigilante de barrio. Hace tiempo cuando algunos ayuntamientos plantearon la necesidad de colocar cámaras en las calles hubo quien se alarmó al considerarlo un atentado contra la privacidad. Los vigilantes de barrio se autofinanciarían nada más que con las multas. Porque pensar en convertir a un incívico en cívico me parece imposible. Y eso que soy docente.
A continuación, una galería de imágenes: